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¿Cuál es la expectativa de relevo a este gobierno?

La experiencia reciente

Haciendo lo mismo que hicieron los gobiernos progresistas de Argentina y Brasil que fueron relevados por la Derecha, la perspectiva es que este gobierno también será sustituido por la Derecha.

Este gobierno se parece cada vez más a los gobiernos centristas de Sanguinetti, todavía no se parece tanto a los gobiernos derechistas de Pacheco-Bordaberry, Lacalle o Jorge Batlle, porque no han ido tan profundo en el ajuste, la represión y todavía mantiene el prestigio popular de los logros del pasado, como lo mantenía el Sanguinetti de la reapertura democrática, la restitución de los destituidos por la dictadura, la reimplantación de los consejos de salarios, la amnistía para los presos políticos y cierta recuperación de libertades democráticas.

Estos logros exhibidos como bandera hicieron posible el triunfo de la fórmula Sanguinetti-Batalla en 1994, todavía es difícil pronosticar si los logros del inicio de los gobiernos del Frente Amplio serán suficientes para evitar un triunfo de la derecha en 2019, pero lo que sí parece seguro es que este gobierno (cuando lo sea) no va a ser relevado “por izquierda” sino más bien “por derecha”.

El Frente Amplio no tiene en su perspectiva “profundizar cambios” o “avanzar en democracia” a algo que no sea capitalismo, y más bien del atrasado que del avanzado en términos histórico-económicos.

La perspectiva es la que ya anunciaba Mónica Xavier hace unos cinco años cuando debatía[1] sobre la politización de las FFAA contra Lucía Topolansky: “nosotros creemos en la NATURAL rotación de los partidos políticos en el gobierno”.

Esa profesión de “fe democrática” de Xavier,  cuando los partidos de oposición con capacidad de disputar electoralmente son los de derecha, fue también una confesión de lo que hace cinco años el “socialismo del siglo XXI y las teorías de la democracia participativa” no permitían ver con tanta claridad como hoy: el ciclo “progresista” está siendo sustituido por un nuevo retroceso derechista.

Cuando no hay ruptura sistémica[2], un gobierno de cualquier país, a lo largo de la historia de la humanidad, no sólo debe ser caracterizado como lo que pretendió ser o por como pretendió posicionarse políticamente, sino por el gobierno que lo relevó. Este relevo es en definitiva, la mayor prueba material de su verdadero carácter.

Si los gobiernos del Frente Amplio son sustituidos por uno reaccionario, represivo y ajustador, deberemos admitir, aunque duela mucho, que el Frente Amplio generó las condiciones materiales para esa sustitución.

Reagrupar a la izquierda

Cuando nosotros proponemos reagrupar a la izquierda para enfrentar la reacción derechista lo hacemos con una perspectiva histórica y basados en la experiencia existente en nuestros países y en el mundo. Sólo la Revolución rusa de 1917 pudo sustituir a un gobierno como el de Kerensky “por izquierda”, pero mientras no existieron[3] las condiciones para la revolución proletaria, este tipo de gobiernos siempre fueron sustituidos por la “reacción”.

El atraso organizativo y la fragmentación de la verdadera izquierda uruguaya hoy nos encuentra dispersos en pequeños grupos a los que ni siquiera se puede denominar seriamente como “partidos políticos”, de los cuales la mitad está haciéndole seguidismo al liberalismo progresista y la socialdemocracia dentro del Frente Amplio, y la otra mitad estamos en la Unidad Popular con la mínima representación parlamentaria posible.

Reunificar a la verdadera izquierda, aunque más no fuera en una sola coalición como la Unidad Popular, abriría una perspectiva importante para poder disputarle la dirección del movimiento obrero al social-reformismo.

Paralelamente a este proceso en el movimiento sindical, la izquierda reunificada podría disputar políticamente por amplios sectores de masas en las principales ciudades de nuestro país, y así retomar una presencia nacional cercana a la que pudo tener el FA antes o a la salida de la dictadura.

Esto no tendría por qué implicar “hacerle el juego a la derecha” sin hacer “ningún compromiso”[4] con la socialdemocracia, ¡al contrario! Nos permitiría establecer compromisos desde una posición unificada y de fuerza para obtener nuevas conquistas.

La Unidad Popular tiene que ser el gran polo de atracción de la verdadera Izquierda que está rompiendo con la dirección Liberal Progresista y Socialdemócrata del Frente Amplio y para poder hacerlo debe adoptar esta política, dirigir su propaganda y su agitación a los trabajadores con identidad política de izquierda, que están haciendo este doloroso proceso político.

A su vez esta unidad política nos permitiría esclarecer y orientar a vastos sectores de masas que hoy se están derechizando, tanto sea por reacción contra el gobierno como por neutralización frente a la confrontación entre la oposición de derecha y el gobierno.

El “cuanto peor mejor” es una mentira impresentable e increíble.

Apostar al “cuanto peor mejor” no sólo es impresentable ante las masas por el sacrificio inútil que exige, sino que además es un error demostrado por la práctica histórica del movimiento obrero. Ese tipo de “apuestas” siempre trajo la peor de las tragedias posibles.

Intentar relativizar el desastre que sería el retorno de la derecha al gobierno no sólo es impresentable frente a los justificados sentimientos de odio de la izquierda y su memoria, sino que además es increíble frente a los acontecimientos de 2016 en Brasil y Argentina. Un discurso impresentable frente a los sentimientos e increíble frente a la evidencia de los hechos nos aísla de la mayoría de los trabajadores que sí tienen pertenencia e identidad de izquierda.

Cuando los trabajadores votaron a la 609 de los Tupamaros y del PEPE Mujica[5] buscaban algo más a la izquierda de lo que había en el FA hasta el momento, cuando los trabajadores votaron al hijo de Sendic, que metió dos senadores, estaban buscando “algo más de izquierda” que lo que había hasta ese momento, cuando votaban a Constanza Moreira contra Vázquez también lo hacían. Incluso cuando dejaban de votar al FA y votaban en blanco[6] también expresaban un cierto grado de disconformidad con su conducción socialdemócrata.

La Unidad Popular tiene que convocar a esos trabajadores a darse una nueva conducción que no los discipline al gobierno, pero que a su vez sea un instrumento de clarificación política contra el avance de la derecha, identificándola claramente, sin pasarle una “tabla rasa” a todo el sistema político para entreverar todo.

Nuestra Propuesta

La falsa ideología, funcional al sistema, que mantiene a los grupos de la verdadera izquierda dentro del Frente Amplio es que “si nos dividimos nos ganan los blancos”. Quienes se afirman en esa falsedad no comprenden que se están hundiendo junto al Titanic del Liberalismo Progresista y la Socialdemocracia.

El balotaje que en 1999 sirvió para que Vázquez no pudiera acceder al gobierno, hoy podría servir igualmente para impedir el retorno de la derecha, sin tener que presentarse electoralmente bajo el Lema y la disciplina partidaria[7] del Frente Amplio.

Por esta razón nosotros proclamamos con la más firme convicción que Reagrupar a la verdadera Izquierda sólo será posible abriendo públicamente la perspectiva de enfrentar al candidato de la derecha en el balotaje, sea cual sea, para impedir la reinstauración reaccionaria[8] en el gobierno.

[1] En el marco de la campaña interna del FA en la que ella ganaría la presidencia.

[2] Cuando existe un relevo de gobierno legal y pacífico, sin Golpe de Estado, Revolución o Invasión Extranjera.

[3] Antes y después de la revolución de octubre.

[4] V. I. LENIN: “LA ENFERMEDAD INFANTIL DEL `IZQUIERDISMO´ EN EL COMUNISMO” Capítulo VIII: “¿NINGUN COMPROMISO?” “Todo proletario conoce huelgas, conoce `compromisos´ con los opresores y explotadores odiados, después de los cuales, los obreros han tenido que volver al trabajo sin haber obtenido nada o contentándose con una satisfacción parcial de sus demandas.”

[5] Que en su momento supo mimetizarse como “lo más odiado” por las clases dominantes.

[6] Principalmente en Montevideo.

[7] Disciplina reaccionaria que siempre funciona contra los intereses populares y a favor del astorismo.

[8] Como la de Paraguay, Argentina y Brasil.