Declaración

¿Por qué no puede haber un “giro a la izquierda” en el Frente Amplio?

La consigna “por un giro a la izquierda” a la interna del Frente Amplio es la mejor síntesis propagandística electoral de la teoría arismendiana del “Gobierno en Disputa”.

La teoría del “Gobierno en Disputa” no es más que una consecuencia de la elaboración de Rodney Arismendi sobre el Plan de “Avanzar en democracia al Socialismo’’, que es -a su vez- la adaptación al Uruguay de la tesis de Nikita Jruschov sobre la “Vía Pacífica al Socialismo”.

Se trata de una serie de elaboraciones teóricas para negar el leninismo, adaptadas a la realidad de  Uruguay.

Mientras la coalición electoral que dirigía el partido de Arismendi no tenía posibilidades reales de disputar el gobierno el Plan de “Avanzar en democracia al Socialismo” cumplía la función de explicar porque era necesario el apoyo a los comunicados 4 y 7 de febrero de 1973, la consigna “Gobierno Popular como en Portugal” en plena Dictadura Militar, el Pacto del Club Naval de 1984 y el menos publicitado Pacto Colorado-“comunista” (COCO) de 1985 para garantizarle “Paz Sindical” a Sanguinetti.

Con el partido de Arismendi contribuyendo a sostener la Estabilidad del Régimen, el Frente Amplio mantendría un proceso de acumulación electoral gradual que en algún momento le permitiría acceder al gobierno e instaurar una “Democracia Avanzada”.

Caída del Muro de Berlín, aparición en escena de Tabaré Vázquez, deceso de Arismendi y crisis de 2001 2002 mediante, en 2004 finalizó exitosamente el proceso de acumulación electoral y -pocos años después- sus legítimos herederos se vieron en la necesidad de explicar por qué la Democracia no Avanzaba en consonancia con los compromisos electorales contraídos en ese proceso de acumulación. De esta Necesidad surge -cual delivery nocturno a domicilio- la “Teoría  del Gobierno en Disputa”.

Esta teoría explica las contradicciones internas del Gobierno, estableciendo una estrategia según la cual los trabajadores y la izquierda deben empujar por las transformaciones a la interna del Frente Amplio, y a su vez también explica como consecuencia de estas contradicciones los incumplimientos de los compromisos electorales. La parodia del Policía bueno y el Policía malo desde el mismísimo Gobierno Nacional.

Redondita Redondita la jugada, diría un conocido Director Técnico. Si te convencen con esa teoría no podes romper con la disciplina y la lealtad al Gobierno porque estarías saliéndote del terreno donde está “la verdadera disputa”, pero a su vez te van a seguir prometiendo -y haciendo prometer- el oro y el moro sin cumplir nada, porque la culpa es de “las contradicciones del Gobierno en Disputa”.

El ciclo progresista en América Latina se termina y un nuevo auge de la derecha neoliberal se ha puesto en marcha.

Si bien no se puede negar la influencia del imperialismo en este auge de la derecha, tampoco se puede negar la tibieza y la inoperancia de los gobiernos progresistas en el incumplimiento de los programas con los que llegaron al gobierno en sus respectivos países.

Al momento de analizar este nuevo auge de la derecha, quienes pretenden retener militantes de izquierda dentro del Frente Amplio vuelven con la parodia del Policía bueno y el Policía malo: “Nosotros o el regreso de la derecha” nos plantean.

Mientras pautan los salarios a la baja “Nosotros o el regreso de la derecha”.

Mientras decretan la esencialidad “Nosotros o el regreso de la derecha”.

Mientras recortan el gasto en Educación “Nosotros o el regreso de la derecha’’.

Mientras reprimen estudiantes de secundaria “Nosotros o el regreso de la derecha”.

Mientras privatizan el Clínicas “Nosotros o el regreso de la derecha”.

… y así podríamos continuar poniendo ejemplos de esos “no dichos” que no se verbalizan en muchos análisis políticos, pero que explican por qué amplios sectores relativamente consientes de la clase obrera, la pequeña burguesía y la intelectualidad de izquierda insisten en persistir dentro del Frente Amplio aunque toda la estantería se les venga abajo.

¿Sería viable políticamente cambiar la política del Gobierno del Frente Amplio y hacer todo lo contrario de lo expuesto PARA QUE NO VUELVA LA DERECHA?

El más ligero de los análisis, hecho con un mínimo de realismo, sobre la correlación de fuerzas internas del Frente Amplio expresada en las elecciones nacionales de 2014 y en las elecciones internas de este año, muestran con total claridad que las organizaciones políticas que aún mantienen militantes de izquierda no tienen ninguna posibilidad de cambiar la política del Gobierno.

Descartemos por Principio de Realidad cualquier tipo de esperanza en un cambio de correlación de fuerzas en la interna del Frente Amplio y transitemos por un camino mucho más pragmático:

¿La Socialdemocracia y el Liberalismo Progresista que dirigen el Frente Amplio no están dispuestos a defender su gobierno frente al avance de la derecha?

Es necesario comprender que la socialdemocracia está absolutamente consustanciada con la valoración positiva de la “rotación” de los Partidos Políticos en el Gobierno como garantía del sistema político liberal. Al extremo de negar abiertamente cualquier tesis que vincule los ciclos políticos a los ciclos económicos de las crisis capitalistas.

Pero mucho más importante que las valoraciones ideológicas positivas o negativas sobre cualquier sistema político son los hechos, el posicionamiento político frente a los hechos:

-hubo un golpe parlamentario en Paraguay,

-otro en Brasil

-y ahora mismo tenemos uno en marcha en Venezuela.

En Paraguay Lugo no hizo ni el intento de convocar a resistir el golpe, pensó que iba a ganar las elecciones post-golpe, subestimó al Partido Colorado de Alfredo Stroessner y sufrió una derrota histórica.

El PT de Lula prefirió entregarle pacíficamente el gobierno a los golpistas antes que convocar a una huelga general a pesar de tener la conducción de la principal Central Obrera CUT, y hace unos días acaba de sufrir la peor derrota electoral de su historia en las municipales.

Aquí en Uruguay el Frente Amplio llama al dialogo entre el Gobierno y la Oposición de Venezuela mientras Capriles le pone fecha a una insurrección fascista, convocando a marchar sobre el palacio de gobierno de Caracas.

Por último, pero no menos importante, la política económica del astorismo no parece abrir ninguna perspectiva para hacer concesiones, ni siquiera demagógicas, desde la estructura estatal, que permitan flexibilizar las pautas (techos) salariales a la baja o frenar los recortes en la educación y la salud pública.

Cualquiera que tenga en cuenta estos HECHOS no puede esperar que la conducción política del Frente Amplio haga absolutamente NADA para evitar que la derecha regrese al gobierno a meternos un ajuste salvaje al peor estilo Macri.

Los militantes de izquierda que permanezcan dentro del Frente Amplio van a quedar con las manos atadas para frenar el proceso de derechización de masas, ya que no van a contar con ninguna credibilidad. Ya hicieron esa experiencia en 2014, deben reflexionar, deben extraer conclusiones de su propia experiencia y de la de los pueblos hermanos de América Latina.

En las últimas elecciones el Frente Amplio pudo resumir políticamente la crisis del Partido Colorado captando el respaldo público de varios de sus dirigentes más centristas. Con este resumen electoral pudo cubrir casi todos los votos que perdió por izquierda en 2014.

Pero lamentablemente los votos que el Frente Amplio perdió por izquierda en 2014, en su mayoría no fueron a la Unidad Popular, Lema Asamblea Popular. El Lema Asamblea Popular solamente creció en 11.000 votos respecto de 2009. Lo justo y necesario para que Eduardo Rubio reingresara a la cámara de Diputados.

Los votos que el Frente Amplio perdió por izquierda en 2014 se distribuyeron entre el aumento del Voto en Blanco, el aumento de la abstención[1] en la circunscripción electoral de Montevideo y los 18.000 votos a un caudillo pseudo-ecologista que proponía castrar químicamente a los delincuentes para “mejorar la seguridad pública” y disputarle votos a Bordaberry en el marco de la campaña reaccionaria por la baja de la edad de inimputabilidad (que estuvo muy cerca de triunfar).

Como consecuencia de esto, aunque el Frente Amplio haya perdido votos entre subjetividades políticas de izquierda, el destino político de la mayoría de esos votos fue objetivamente hacia la derecha.

Cuando los frenteamplistas de izquierda pasan a votar en blanco asumen, como mínimo, una adaptación -cuando no una directa adhesión- a la idea de que “la política no sirve para nada”. Eso de por sí es un proceso de despolitización y derechización de masas que trasciende ampliamente lo meramente electoral.

Todos los compañeros Militantes de Izquierda que adhieran firmemente al materialismo, deben comprender que si ese fenómeno político de neutralización electoral de la Izquierda que se produjo con el respaldo electoral al PERI y el aumento del Voto en Blanco o Abstención de Montevideo, en las condiciones económicas favorables del Gobierno de Mujica, ese fenómeno se va a profundizar todavía más en las condiciones del inicio del ajuste de este segundo periodo de Tabaré Vázquez.

Los partidos de derecha ni siquiera necesitan crecer electoralmente para retornar al gobierno, sólo les alcanza con neutralizar a un importante sector de masas que antes apoyaba al F.A. para que “haga la diferencia” electoral en un balotaje.

En este caso la palabra “neutralizar’’ debe comprenderse en el sentido más etimológico de PONER EN posición NEUTRAL (voto en blanco) a ese segmento electoral de izquierda que deja de votar al FA.

El Plan Electoral de la Derecha es:

  • NEUTRALIZAR a la izquierda,
  • detener la crisis de sangrado en los partidos tradicionales con la nueva alternativa electoral derechista de Novick,
  • disputarle el voto centrista al Frente Amplio con el “Espacio Socialdemócrata” que levanta el Partido Independiente y al cual miran con simpatía Jorge Larrañaga, Gonzalo Mujica y varios caudillos blancos del interior a los que les “pianta votos” la candidatura de Lacalle Pou.

Convocar a los Militantes de Izquierda a enfrentar ese Plan intentando cambiar la política del gobierno desde adentro del Frente Amplio es convocar a ir la guerra con un tenedor.

La única perspectiva Seria y Realista para enfrentar el proceso de derechización de masas y a la neutralización de la Izquierda, -que necesita el Plan de la Derecha- es reagrupar la mayor cantidad de Militantes de Izquierda en la Unidad Popular, reforzar la representación parlamentaria de la izquierda sin “disciplinas reaccionarias” que impidan el respaldo a la lucha popular y enfrentar a la derecha en el balotaje impidiendo que el Frente Amplio pierda el gobierno, desde la autoridad política que le da a la izquierda, el haber podido denunciar todo lo que había que denunciar de las inconsecuencias de este gobierno.

Si hay algo que “disputarle” políticamente al gobierno de la socialdemocracia y el liberalismo progresista que conducen el Frente Amplio, el lugar menos eficaz para hacerlo es dentro su estructura partidaria, teniendo que acatar su propia disciplina.

La Unidad Popular es la organización política que contiene la mayor cantidad de agrupaciones y militantes que asumen la tradición de la izquierda uruguaya del siglo XX. Esta organización debe reagrupar a quienes están rompiendo por izquierda con el Frente Amplio, ofreciéndoles perspectiva política y evitando su derechización por efecto de la despolitización.

Todavía está por verse si la bancada de los 50 diputados del Frente Amplio llega entera a 2019. Aún quedan dos rendiciones de cuentas por votarse y la posibilidad de que el gobierno tenga que negociar sus votos afuera de su propia bancada abre perspectivas de más ajustes y recortes contra el pueblo. ¿Cómo se van a posicionar los diputados que dicen “disputar” la interna de este gobierno “por un giro a la izquierda”? Está por verse.

De eso dependerá cuán a fondo vaya el cuchillo para hacer los recortes que la oligarquía y el imperialismo quieren imponerle a nuestro pueblo.

De acuerdo a las características culturales seculares de la izquierda uruguaya, nunca le pedimos a nadie que renunciara a su propia identidad política para construir la Unidad del Pueblo, tampoco deberíamos hacerlo con los compañeros que pretendan preservar su identidad frenteamplista de 1971 dentro de esta nueva experiencia de Unidad de la Izquierda, porque en definitiva lo que nos une es el Programa Artiguista y Antiimperialista, en defensa de los intereses de nuestro pueblo.

De lo que sí estamos seguros, es que la teoría del “Gobierno en Disputa” va a ser insostenible en el próximo periodo, ya sea porque el Frente Amplio pierda el gobierno, o sea porque tenga que buscar la mayoría parlamentaria para cogobernar con partidos de derecha perdiendo todo el margen para hacerle concesiones a las organizaciones políticas que aún mantienen militantes de izquierda disciplinados al gobierno. Por lo que podemos concluir que la perspectiva centrista que tiene actualmente el Frente Amplio no es “girar a la izquierda”, sino que hay más posibilidades de que gire hacia el otro lado.

 

[1] Hay que tener en cuenta que a pesar del voto obligatorio establecido en la Constitución de la Republica, el porcentaje de abstención casi siempre ronda el 10% del padrón electoral de habilitados para votar.

Parte de esa proporción se explica por la tendencia negativa a la emigración, que si bien ha descendido, no se ha eliminado. Casi todas las familias uruguayas de las capas medias tienen algún miembro en Buenos Aires o el primer mudo dispuesto a auxiliar con los trámites o la propia instalación de alguien que lo necesite.

Además también hay otros motivos que diluyen la fuerza de la obligatoriedad del voto:

-la “facilidad” del acceso a la certificación médica para la exoneración de la multa,

-la eliminación del voto interdepartamental que hace más barato el pago de la multa que el del pasaje para votar,

-la certeza subjetiva de que no se estará frente a la necesidad de presentar constancia de votación en ningún organismo público,

-o directamente la popularmente conocida flexibilidad de muchos funcionarios públicos que al momento de controlar la constancia de votación hacen “la vista gorda” frente a la “declarada perdida” de un pequeño taloncito muy fácil de traspapelar o perder.

Exceptuando el primero, estos otros motivos que explican el porcentaje de abstencionismo por dilución de la obligatoriedad del voto, tienden a explicar todo con un poquito menos de fuerza cuando la gente está íntimamente convencida que es importante votar. Convicción que se pone a prueba en las elecciones internas de los partidos políticos donde vota menos del 40% de los habilitados y donde obtienen -comparativamente- muchos mejores resultados los partidos de derecha.