Declaración

Reagrupar a la izquierda para enfrentar a la reacción derechista

El ascenso derechista

El triunfo de Macri en Argentina, el Golpe derechista en Brasil, la derrota en las Elecciones Parlamentarias en Venezuela, la derrota del Plebiscito reeleccionista de Morales en Bolivia, sumado a lo que ya había sido el Golpe de Estado en Honduras primero, y luego en Paraguay, marcan un final del ciclo progresista en América Latina y un ascenso de la vieja derecha neoliberal.
En nuestro país, los partidos de derecha que siguen teniendo un peso importante en nuestro sistema político van a recibir el respaldo de todo este auge continental para intentar disputarle el gobierno al centrista Frente Amplio.
Caracterizamos al F.A. como un partido centrista porque ya no es una coalición de partidos de izquierda ni existe ninguna posibilidad real de que vuelva a serlo. Su viraje desde que está en el gobierno ya no admite ni siquiera cuestionamientos o críticas, y quienes intentan hacerlo desde su interna son repudiados hasta por los propios referentes, en aras de una concepción de “la unidad” como valor absoluto.
En ese marco, las expectativas sobre la posibilidad de alguna “disputa” o “giro a la izquierda” no constituyen más que una mentira para mantener militantes bajo la dirección centrista constituida por el liberalismo progresista y la socialdemocracia del F.A.
El Frente Amplio, al igual que el resto de los “gobiernos progresistas” de América Latina han generado las condiciones políticas y materiales para este auge reaccionario que se observa en todo el continente, nuestra generación ya ha hecho su propia experiencia con este tipo de gobiernos, como antes la habían hecho otras.
Estos partidos liberales progresistas ya no quieren ni pueden enfrentar a la derecha. No quieren como ha quedado demostrado con el reconocimiento de “legitimidad” que le ha dado el PT al gobierno golpista de Temer, o con la expresión de voluntad de que Macri complete todo su período de mandato, que ha hecho el peronismo. No pueden agrupar tras de sí las mayorías de otrora porque ya decepcionaron a quienes habían luchado por un gobierno de izquierda y popular.

El fin del ciclo progresista

Ya en 2014 se expresó electoralmente en Montevideo una importante pérdida “por izquierda” de votos del F.A. que sólo en parte fue sustituida por un crecimiento en el interior que impidió que perdiera la mayoría en la Cámara de Diputados, aunque no hay que olvidar que sí perdió un senador.
La tendencia electoral en caída que el F.A. experimenta desde 2009 cuando perdió dos diputados, y la de 2014 cuando perdió un Senador ya es irreversible. Endilgándole toda la intencionalidad política que se quiera a las empresas encuestadoras, restándoles el IVA, el COFIS y el IRPF si se quiere, el F.A. pierde intención de voto como nunca antes lo había perdido.
Cuando los frenteamplistas de izquierda pasan de votar al FA a votar en blanco asumen como mínimo una adaptación -cuando no una directa adhesión- a la idea de que “la política no sirve para nada”. Eso de por sí es un proceso político de derechización de masas que trasciende ampliamente lo meramente electoral.
Los partidos de derecha ni siquiera necesitan crecer electoralmente para retornar al gobierno, sólo le alcanza con neutralizar a un importante sector de masas que antes apoyaba al F.A. y “haga la diferencia” electoral.
Ese es su plan para regresar. Nosotros exponemos otro para derrotarlos:

Reagrupar a la izquierda

La disciplina partidaria que impone la actual dirección del F.A. hace imposible este reagrupamiento en su interna.
La única coalición de organizaciones de izquierda capaz de funcionar como polo de atracción para el reagrupamiento de la izquierda es la Unidad Popular.
La Unidad Popular es la organización política que contiene la mayor cantidad de agrupaciones y militantes que asumen la tradición de la izquierda uruguaya del siglo XX. Esta organización debe reagrupar a quienes están rompiendo por izquierda con el Frente Amplio, ofreciéndoles perspectiva política y evitando su derechización por efecto de la despolitización.
¿Pero por qué estos frenteamplistas con tradiciones políticas de izquierda no se reagrupan “naturalmente” con la principal fuerza de izquierda fuera del Frente Amplio?

La tesis de la tabla rasa

Una cantinela sectaria culpando a los votantes de izquierda del FA por “haber votado al gobierno que se merecen” INSULTA, decir que este gobierno es igual o peor que los de derecha INSULTA, afirmar que el PIT-CNT es una central Amarilla INSULTA, decirles a quienes deciden no votar más al Frente Amplio, realizándole críticas de izquierda, que son “burros” porque votan en blanco INSULTA.
Estos insultos y otros que seguramente debemos estar olvidando, objetivamente y más allá de cualquier especulación, cumplen la función política de dividir a la izquierda y trabar el reagrupamiento político de la Izquierda en la Unidad Popular.
Estos errores políticos parten de una concepción de Tabla Rasa respecto de todo el sistema político, donde casi todos los partidos son definidos como derecha, y la única izquierda posible se reduce al universo actual de la Unidad Popular.
Esta tesis es sostenida por un sector importante de la militancia combativa del movimiento sindical y estudiantil y que políticamente a nivel nacional está representada por lo que la “politología” y los principales medios de comunicación dan en llamar “los radicales” en nuestro país.
Estas organizaciones políticas que si bien tienen un peso electoral relativamente bajo a nivel nacional, no obstante cuentan a su favor, su firmeza militante tradicional de izquierda, lo que les permite tener peso en conducciones sindicales y estudiantiles.
Desde el punto de vista histórico si bien este espacio político está principalmente integrado por organizaciones anarquistas y trotskistas, su heterogeneidad supera estas dos corrientes históricas de la izquierda y desde el punto de vista organizativo se encuentra absolutamente fragmentado.
Los anteriores son elementos fundamentales para comprender las diversas variantes de la expresión que hemos denominado como “tesis de la tabla rasa” y sobre la cual intentaremos establecer sus seis principales postulados:
  1. Todos los partidos políticos con representación en el Senado son expresiones políticas de la burguesía, enemiga irreconciliable del proletariado.
  2. La izquierda es la expresión política del proletariado, la derecha la de la burguesía y el centro una ilusión ideológica (valga la redundancia) creada por los intelectuales de la pequeña burguesía que no quieren definirse.
  3. En todos los países del mundo se encuentra establecido el régimen capitalista de la burguesía, y las variantes de sus regímenes políticos carece de importancia.
  4. Todo intento por mejorar las condiciones de vida del proletariado en el marco del régimen burgués es mero reformismo que atrasa la revolución socialista proletaria internacional.
  5. Las agresiones militares de la única potencia imperialista del mundo (a saber EEUU) sobre naciones capitalistas más débiles son meras maniobras político-militares de la burguesía internacional para perpetuarse en el poder.
  6. Todas las reivindicaciones de independencia nacional de nuestra época son meras maniobras políticas de la burguesía para engañar y poner tras de sí al proletariado con disputas históricamente superadas.
Con el análisis de la coyuntura que se establecen en estos seis postulados es natural concluir que el actual gobierno es uno más de los tantos gobiernos burgueses que nuestro país ha tenido a lo largo de su historia y que nada ha cambiado.
Analizando esta tesis en general sería posible contrastar varios de sus postulados con una realidad mucho más compleja para rebatirlos, pero comenzando por su conclusión, en un país demográfica y económicamente homogéneo como el nuestro, afirmar que es lo mismo tener un 5 o un 25% de desempleo, o que es indiferente para los trabajadores la triplicación del salario mínimo establecido por ley, es de ese tipo de errores políticos que por su insensatez, más que errores parecen aciertos del enemigo.
Si bien los sectores sociales que tradicionalmente votaron a la izquierda desde principios de la década del setenta del siglo pasado, analizan de forma crítica que -en aplicación de los aspectos más neoliberales de su política económica- el gobierno del Tupamaro Mujica no haya cumplido con sus promesas electorales de creación de una Flota Pesquera y un Frigorífico Nacional, todavía recuerdan los desastres a los que condujeron al país los últimos gobiernos de la derecha tradicional.
Mientras el Gobierno de una corriente política que jamás reivindicó para sí las tradiciones programáticas de la izquierda nacionalizaba los Yacimientos Petroleros Federales de Argentina, el consenso interpartidario uruguayo festejaba la obtención de la “calificación de grado de inversor” de la Standar & Poors en premio a la “estabilidad macroeconómica” (eufemismo utilizado para referirse a la obsecuencia neoliberal).
Frente a esta realidad las organizaciones políticas de la izquierda independientes del gobierno (radicales) no han sido capaces de ofrecer una mejor elaboración política que la de la “tabla rasa” con tres tipos de resultados demostrados: a) la ausencia de perspectiva política (confusión, desmoralización y desmovilización de la izquierda), b) crecimiento político de la derecha que va logrando desvincularse del desastre de los anteriores gobiernos blancos y colorados, c) fortalecimiento de una burocracia sindical traidora vinculada al gobierno como consecuencia del debilitamiento que la “Central Paralela” le causa la las agrupaciones sindicales combativas del PIT-CNT.
Nosotros discrepamos con esta caracterización de Tabla Rasa porque pensamos que es incapaz de cumplir con la tarea de reagrupar a la izquierda fuera del Frente Amplio.
Nosotros queremos reagrupar a la Izquierda para enfrentar a la derecha y a la oligarquía. Para lo cual, tenemos que decir la verdad: no es lo mismo este gobierno de centro que los gobiernos de derecha.
Los gobiernos de derecha son:
  • Los que quisieron privatizar absolutamente las Empresas del Estado.
  • Los fascistas, como Gianolla, que en 1994 mandaron a matar a nuestros Compañeros en el Filtro.
  • Los que fundieron los bancos generando la peor crisis financiera de la historia de nuestro país en 2002, hundiendo en la indigencia a amplios sectores de nuestro pueblo.
  • Los que le votaron la impunidad a los fascistas y quieren mandar a “prisión domiciliaria” a los que están presos en la cárcel VIP de Domingo Arena.
Este gobierno de centro fue el que:
  • Reinstaló los consejos de salarios.
  • Aplicó el artículo 4to de la Ley de Impunidad para que vayan a la cárcel algunos represores de la dictadura fascista.
  • Amparó las libertades sindicales para que se pudieran organizar miles de trabajadores.
  • Logró una disminución significativa de la desocupación, a pesar del trabajo precario.
  • Estableció la ley de ocho horas para los trabajadores rurales.
  • Atendió a los sectores sociales más castigados por la referida crisis de 2002.
Si bien el estilo de la última campaña parlamentaria encabezada por Abella y López limó algunos vicios de sectarismo, luego de la misma, la Unidad Popular no pudo transformar ese estilo en conducción política.
El primer error del retroceso al sectarismo fue el llamado a votar anulado en el balotaje entre Lacalle Pou y Vázquez, repitiendo el error de la Asamblea Popular en 2009. En 2014, ya todos los analistas económicos de izquierda, centro y derecha coincidían en que íbamos a un escenario de ajuste. Hagamos por un instante el tortuoso ejercicio mental de imaginarnos el desastre que podrían haber hecho con este país los partidos de derecha si Lacalle Pou fuera el presidente de la República, y acto seguido pensemos en la reacción de los trabajadores con quienes les decían que es lo mismo que gobiernen los blancos, los colorados o el actual gobierno.
Pero no es necesario hacer ese ejercicio mental: basta comparar el ajuste de este gobierno de centro (sí antipopular) con el ajuste de Macri en Argentina con 160.000 despidos y “sinceramiento” de tarifas con 500% de aumento.

Abrir una brecha para el crecimiento de la izquierda

La Tesis de la Tabla Rasa, el sectarismo y los insultos a nuestros propios compañeros de izquierda y del campo popular no son más que trabas para obstruir la tendencia hacia el reagrupamiento de la izquierda fuera del F.A.
Desde el Espacio Federal Artiguista podemos generar organización para la militancia de izquierda que está rompiendo con el F.A. si mostramos una capacidad de autocrítica y análisis REALISTA para el crecimiento de la Unidad Popular.
Decimos REALISTA porque estos compañeros no van a venir a sumarse a una “unanimidad militante” para llamar a votar en blanco en un balotaje entre el candidato del F.A. y el de los partidos de derecha en 2019. Esa “unanimidad militante” ya no fue la de los votantes de la UP en el balotaje de 2014, más bien la cosa fue al revés.
Nosotros consideramos que hay que expresar políticamente esta tendencia, que objetivamente existe, porque es la única forma de reagrupar a la izquierda y DESTRUIR el plan de la derecha para regresar al gobierno.
Agrupación de Avanzar en Montevideo
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